Después de varios meses de trabajo intenso por mi fenomenal traductor, Jon Berasategui, la traducción de mi novela, The Red Gene, ya está a punto de salir, publicada por Ediciones Carena con el título El Gen Rojo. Ha sido un gran placer colaborar con él. También ha sido un proceso de aprendizaje enorme para mí. Encontré por primera vez expresiones como ‘pasado el arroz’ (over the hill), ‘montaña rusa emocional’ (emotional rollercoaster), ‘saltar la liebre’ (let the cat out of the bag), ‘tirar la casa por la ventana’ (to splash out) o mi favorita, ‘mandar a alguién a freír esparragos’ (tell someone to go to blazes). Todavía me equivoco con las formas y tiempos de los verbos, aunque espero que menos que antes. Pero temo que nunca llegare a dominar la puntuación española; el uso de guiones en vez de comillas todavía me da por vencido.
En el ir y venir de nuestra colaboración, había ocasiones donde cuestioné una de las decisiones de Jon y después de hablar, nos pusimos de acuerdo con un cambio o con mantener su elección de palabra o frase. Espero que Jon esté de acuerdo que el proceso, a veces compuesto de varias rondas de diálogo entre nosotros, siempre haya sido amable y respetuoso. Tratar con un autor que tenga cierta fluidez en el idioma puede ser pesado para el traductor. Por otro lado, de vez en cuando un malentendido necesitaba explicaciones de mi parte. Por ejemplo, incluso los traductores con más fluidez en el idioma probablemente no conozcan el tratamiento Matron para la enfermera jefe en un hospital o que top-heavy significa algo especifico cuando refiere a la figura de una mujer.
Para traducir una novela, hay que enfrentarse a miles de decisiones en cada momento. Una de las cuestiones básicas es decidir hasta qué punto hacerla de manera literal. La posibilidad de traducir con libertad es esencial en una obra literaria, siempre que se retenga el significado y el ambiente del original. Esa expresión ‘go to blazes’, mencionada arriba, es un ejemplo del lenguaje anticuado que utilizaba a veces para el diálogo en las secciones más históricas de una novela que abarca unos setenta y cinco años y que constituye un desafío más para el traductor. Es un factor adicional para tener en cuenta cuando trata de elegir el equivalente más apropiado en español. Por ejemplo, las formas de tratar a las personas (tu o usted) tienen que reflejar los costumbres de la época y no del presente. En generaciones previas el estatus social llevaba más importancia que hoy en día; la gente era más formal, en España tanto como en Inglaterra. Me acuerdo de una ocasión (pero solo una) cuando Jon tenía dudas y me consultó sobre esa cuestión.
Algunos de los personajes españoles en el libro cometen errores cuando hablan en inglés. ¿Cómo comunicar eso en una traducción? De modo parecido, se han expresado en la traducción algunas partes del diálogo hablado por ingleses reflejando los patrones de habla cortés del inglés. Por ejemplo, uno de los personajes ingleses dice: “I suppose I’d better introduce myself”. En la versión en castellano está escrito como “Supongo que será mejor que me presente”, una redacción que ningún español emplearía. Es una cuestión de juicio que necesita mucha reflexión y cuidado, y no solo una vez pero en cada frase. No puedo imaginar que jamás existiera un bot de IA con la habilidad y percepción de un buen traductor humano. ¿Confía en Google Translate para traducir una novela que tardó años en escribir, años de trabajo y energía emocional? No way! ¡Ni hablar!

Nos conocemos en persona por primera vez justo antes de la fecha de publicación